El plástico habitado

Categorías Cuentos
El plástico habitado

Tres seres de esta galaxia habitaban un trozo de plástico que había formado parte de una botella de agua. El primer ser, por clasificarlos de alguna manera, estableció la jerarquía. Dijo frases como: “No por más plástico se acaba el sol” o “Mira el plástico que pisas, allí”. Le gustaba llegar al borde del trozo de plástico y cuestionarse su existencia, incluso a veces se arriesgaba a asomarse al enorme precipicio. Cuando se atrevía a mirar volvía a casa corriendo y se masturbaba con ansiedad para borrar lo más rápido posible la información que le había llegado del exterior. El segundo ser, no era muy elocuente y dado a la oratoria, vamos, que se podría decir que el don de la inteligencia no lo había alcanzado. Era fuerte, eso sí. Podía coger el plástico y arrugarlo, estirarlo, compactarlo, someterlo. Una vez, lo estiró tanto que provocó una pequeña grieta. Eso lo fatigó muchísimo y cuando se hubo recuperado intentó volver a juntarlo, porque según dijo el primer ser: “Las grietas son o no son, pero por ahí se escapa la luz”. Pensó que si hacía el mismo esfuerzo que había hecho para romperlo, serviría para juntarlo. Pero vio que no funcionaba, de hecho, causaba el efecto contrario, se empezaban a formar más grietas. Eso lo desconcertó y volvió a casa a doblar trozos de plástico para relajarse. Al tercer ser, le gustaba comer. Un día cogió un trozo de plástico que le había robado al segundo ser y, mientras disfrutaba del manjar, se atragantó y murió. No fue una gran perdida. Los otros dos no notaron su ausencia. La jerarquía no había sido corrompida, seguía existiendo el borde y el exterior y quedaba plástico que doblar. Eso era lo importante.