El árbol caído

No más cruel que una lagartija tragándose una mosca viva, que se asfixia dentro de su estómago y muere lentamente por el ácido de los jugos gástricos, era S. Cada puñalada hacía que su respiración fuera calmándose. Las trincheras allá en Alemania despertaron el interés por la sangre. Acabó caminado entre los hombres, aunque empezó corriendo con las cabras. Sucio, descalzo. Fue abandonado y seguía solo. No tenía interés por la vida. Tan efímera, tan frágil. Ver como le estalla en la cara una granada…Continuar leyendo “El árbol caído”

Las puertas

Huye el tiempo veloz sin mirar atrás. Cruza la estepa sin importarle el color o la raza. Huye de la cabra a dos patas y del poder que no descansa. Quisiera ir con él sin vergüenza, pero me asola ser juzgado, pues allá donde va no entra cualquiera. El justo y el noble esperan al tiempo imperecedero que les vuelva a mostrar el camino. Yo solo espero que no pase lo suficientemente veloz como para olvidarse de ellos y los traiga de vuelta a casa.

“Ansiaba poder verte. Ansiaba poder. Ansiaba. Ansia.”

Una mañana cualquiera

El rocío, fresco y cristalino, se acumulaba hasta formar una gran gota deslizante entre las verdes hojas del joven limonero horas previas a la salida de la temprana primavera, que hacía las veces de despertares de bestias e insectos, pululantes y trabajadores, ante una propicia mañana, no sin antes de que Antonio se ataviara con sus botas de regar y su azada para pasar toda la mañana, a pesar de su edad, escardando salados, dejando impoluto su pequeño huerto heredado hacía años por su difunta…Continuar leyendo “Una mañana cualquiera”

La pasión

Llevaban tres horas juntas y la cena había terminado hacía ya una hora. Divagar da para mucho.  – Mira… El vino es la pasión. Y te voy a explicar porqué. Marta sabía camelar. Andrea se dejó llevar.  – El rojo, con sus variantes, dispara las emociones, que se esparcen por todo el cuerpo, desde el iris, pasando por las extremidades hasta lo más profundo del alma, casi alcanzando el propio ser… Levantó y examinó la copa a medio llenar de vino, contemplando a través de…Continuar leyendo “La pasión”

Lebeche

Esperaba sentada la llegada del lebeche. Sabía que tarde o temprano dejaría de esperar, pero hoy no era ese día. Habían pasado cuarenta y dos lunas desde que su marido murió y ella seguía esperando ese viento para barrer la arena que dejaba. Vivía sola, y sola estaba. Las mañanas a la orilla del mar siempre son frías. Despejaba los pulmones. A su marido no le había funcionado; “El cáncer lo mató” había oído varias veces mientras hacía la compra. Ella no había nacido en…Continuar leyendo “Lebeche”

“Ya no te espero, pero vuelve.”

Felonías

Revisando el espejismo que forman mis terrores, fue el maldito escalón, colofón y serpiente efímera, de todo lo acontecido tras mi desliz. Las puertas se cerraron y caí rendido, abrasado. Las gotas de sudor me abrazaron y no me quedó otra alternativa que arrojarme hacia estados lisérgicos tan vacíos y carentes de alivio. Esos ojos no tienen perdón. Ni paz.

Paco el Galguero

Cerca del Arrollo del Mocho aposentaba, y con cierta altanería, Paco el Galguero. Su remoquete no tenía duda, pues la crianza de ese bello animal era su vida. Hijo de un muletero, había heredado su látigo de vara larga con el que azuzaba a sus bestias cuando gustaba. Enfundado en su carré de seda, camisa abierta, efectuaba su oficio de chalán cuando el gentío quería adquirir “el mejol galgo”, decía alardeando con deleite. Un día de temprana soleada, como era de entender en Andalucía, Paco…Continuar leyendo “Paco el Galguero”