La pasión

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La pasión

Llevaban tres horas juntas y la cena había terminado hacía ya una hora. Divagar da para mucho.

 – Mira… El vino es la pasión. Y te voy a explicar porqué.

Marta sabía camelar. Andrea se dejó llevar.

 – El rojo, con sus variantes, dispara las emociones, que se esparcen por todo el cuerpo, desde el iris, pasando por las extremidades hasta lo más profundo del alma, casi alcanzando el propio ser…

Levantó y examinó la copa a medio llenar de vino, contemplando a través de ella, como Andrea bajaba la mirada quedando absorta en el leve movimiento de ese líquido rojo.

 – … Pero, las emociones quedan suspendidas en un letargo, a la espera de una respuesta, un estímulo. Ellas no son capaces de decidir por sí solas cuando activarse…

Dio un suave trago cerrando los ojos y disfrutando cada partícula, cada fermento, causando una explosión de sabores, dilatando sus pupilas que, al volver a abrir los ojos, le esperaban las mejillas rosadas de Andrea.

 – … Entonces entra en juego el vino. Hace que se estremezca el cuerpo. Pero, no te equivoques, todos los alcoholes no causan el mismo efecto. Unos activan la violencia, otros la risa, otros la locura, pero el vino… El vino se reserva para la pasión…

Andrea soltó una pequeña sonrisa. Marta sabía que era suya.

 – … Ésta se apodera del cuerpo. El cerebro deja de ordenar sistemas lógicos y deja paso a esa pasión, que se dedica a acariciarlo, a calmarlo, le pide que deje de estresarse, que la vida no es tan compleja, y lo besa, y lo vuelve a acariciar, y el cerebro se deja, es verdad que necesita un descanso, y la pasión toma el control, y quiere saciarse…

Marta sabía cual era el final de la escena y Andrea la culminó besándola. La pasión las sometió, y ellas obedecieron.