pulpo

El tatuaje de una piedra que se estaba haciendo en el brazo numero cinco le estaba doliendo más que ningún otro. Se había dejado de fumar (ese día). Pensaba que así le iba doler menos.

Esa piedra significaba tanto para él que deseaba llevarlo en su brazo más importante.

Era un pulpo que pasaba de almeja en almeja. Había cultivado un gran arte con sus tentáculos, y sus frases… Oh… sus frases hacían que las almejas se abrieran completamente.

– Te daría cualquiera de mis tres corazones. – Le decía a una.

– Mis ocho cerebros secundarios más el principal no dejan de pensar en tu suavidad. – Le decía a otra.

Pero el tatuaje estaba dedicado a aquella piedra que no consiguió conquistar. Por primera vez todas esas frases las decía de verdad. Utilizó todos sus recursos. Tentáculos. Frases. Tinta.  Pero ella ni se inmutaba.

¡Maldita!.

Si no funciona el tatuaje, tenía una última alternativa. No quería llegar a ello, pero todo el mundo sabe que un pulpo nunca se rinde. Ocho brazos, ocho cerebros, y el principal para la polla. Le encantaba ese dicho. Cada vez que lo decía todos reían. Menos la piedra.

¡Maldita!.

El tatuador terminó relativamente rápido, y el pulpo fue corriendo a enseñarle su obra a la piedra. Así hizo. La piedra no se inmutó.

– Me lo he hecho en mi brazo más importante. Es en honor a tu belleza. Si tu me lo pides me lo haría en todos los brazos. – Le dijo el pulpo a la piedra.

La piedra no dijo nada.

– No se que más hacer. Me tienes loco. He probado de todo. Dime por favor que más puedo hacer para que me dejes que te acaricie aunque sea una sola vez.

La piedra no dijo nada.

– No me dejas opciones. – Le dijo el pulpo con un tono sombrío mientras se abalanzaba hacía ella.

La acarició con cada uno de sus tentáculos. Expulsaba tinta. Babeaba. Le restregó la polla por todas sus esquinas. El pulpo jadeaba. Vomitó un par de veces sobre la piedra. Le mordió y le escupió. Por último eyaculo sobre ella.

El pulpo se despegó dejando una asquerosa viscosidad.

– Bah… tampoco era para tanto. Voy a ir a hacerme un cover del tatuaje ya mismo. – Dijo el pulpo mientras se alejaba.

La piedra no dijo nada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.