“De vez en cuando me da por pensar y consecutivamente me horrorizo.”

La pasión

Llevaban tres horas juntas y la cena había terminado hacía ya una hora. Divagar da para mucho.  – Mira… El vino es la pasión. Y te voy a explicar porqué. Marta sabía camelar. Andrea se dejó llevar.  – El rojo, con sus variantes, dispara las emociones, que se esparcen por todo el cuerpo, desde el iris, pasando por las extremidades hasta lo más profundo del alma, casi alcanzando el propio ser… Levantó y examinó la copa a medio llenar de vino, contemplando a través de…Continue Reading “La pasión”

Lebeche

Esperaba sentada la llegada del lebeche. Sabía que tarde o temprano dejaría de esperar, pero hoy no era ese día. Habían pasado cuarenta y dos lunas desde que su marido murió y ella seguía esperando ese viento para barrer la arena que dejaba. Vivía sola, y sola estaba. Las mañanas a la orilla del mar siempre son frías. Despejaba los pulmones. A su marido no le había funcionado; “El cáncer lo mató” había oído varias veces mientras hacía la compra. Ella no había nacido en…Continue Reading “Lebeche”

“Ya no te espero, pero vuelve.”

Felonías

Revisando el espejismo que forman mis terrores, fue el maldito escalón, colofón y serpiente efímera, de todo lo acontecido tras mi desliz. Las puertas se cerraron y caí rendido, abrasado. Las gotas de sudor me abrazaron y no me quedó otra alternativa que arrojarme hacia estados lisérgicos tan vacíos y carentes de alivio. Esos ojos no tienen perdón. Ni paz.

Paco el Galguero

Cerca del Arrollo del Mocho aposentaba, y con cierta altanería, Paco el Galguero. Su remoquete no tenía duda, pues la crianza de ese bello animal era su vida. Hijo de un muletero, había heredado su látigo de vara larga con el que azuzaba a sus bestias cuando gustaba. Enfundado en su carré de seda, camisa abierta, efectuaba su oficio de chalán cuando el gentío quería adquirir “el mejol galgo”, decía alardeando con deleite. Un día de temprana soleada, como era de entender en Andalucía, Paco…Continue Reading “Paco el Galguero”

“Te escucho, o como decir sutilmente que me importa una mierda lo que estás diciendo.”

El viajero estático

Atesoraba los recuerdos como esmeraldas preciosas y perfectas. Se enzarzaba en conversaciones de lo más variopintas con completos desconocidos y disparaba las imágenes que emulaba de sus años pasados. – … El agua del mar estaba muy fresca, ¿sabes? Aún así nos lanzábamos juntos y reíamos, ya lo creo que reíamos… – ¿Cómo? – Sorprendido el hombre que estaba sentado a su lado en el metro, dejó su lectura y lo miró interrogando con una amable sonrisa. – … Era muy cristalina… Y fue la primera…Continue Reading “El viajero estático”

Hay que saber escuchar

Me intriga la idea que reza “Hay que saber escuchar”. Vienen imágenes con cierta neblina y con los bordes sombreados de dos personas sentadas en sillas de madera una enfrente de la otra sin decir nada. Al día siguiente quedan de nuevo en el mismo sitio y siguen sin establecer comunicación. No pueden decir nada. Así dictamina la norma, “Hay que saber escuchar”  y esas dos personas ansían saber, y escuchan como nunca lo habían hecho. Otro día más que toca escuchar y el silencio…Continue Reading “Hay que saber escuchar”