El pasillo me acompañó varias veces. Te gustaba echarme de mi propia casa, no sé si por pura dominación o por reacción involuntaria a tiempos pasados. No necesitabas empujarme o amenazarme, tu mirada y su tono despectivo me acompañaban por el pasillo, me abrían la puerta y cerraban con un portazo, como era de esperar. Yo no montaba espectáculos, prefería mantener el equilibrio comunitario con mis vecinos. Pasaban minutos y a veces horas hasta que me abrías la puerta. Yo me subía a la terraza…Continuar leyendo “El día que corrías pasillo adentro hasta el sofá”

Llevabas días rondando por tu cabeza la idea de adoptar un gato. Eran ideas que formaban bloques fijos, cargados de obsesión sobre cualquier cosa, disciplina o ente, que si no eran liberados, el conflicto llegaba a cotas inalcanzables. Caprichosa; y no es que me sintiera con la obligación de complacerte, tú sola conseguías resolver esos conflictos, lo que me jodía es que me hacías partícipe. Eso era lo peor. Entró en nuestras vidas en otoño. Simone, tricolor, de rabo vedado, más cercana al bravío que…Continuar leyendo “El día que cambió tu cara y tu compostura”

Nunca me dijiste cuál era tu libro favorito. Te pregunte varias veces pero tus respuestas ambiguas entorpecían cualquier tipo de comunicación. “No hay nada favorito. Hay que contextualizar. De niña, me gustó mucho El principito. Ahora me gustan los cuentos de El Aleph. ¿Cuál es mi favorito?¿Qué es algo favorito en realidad?¿Qué es la realidad?”. Tengo que reconocerte que me cansaba un poco. Por eso dejaba de insistir. Los últimos cinco libros que te compraste ni siquiera los abriste. De hecho aún siguen aquí. Los…Continuar leyendo “El día que estábamos tumbados en la cama”

Siempre te gustó el riesgo, decías que las montañas rusas son atracciones controladas, que como se revisan sus mecanismos constantemente, no había un peligro muy elevado y eso le quitaba su encanto. Tú preferías improvisar. “¡Salta!”, me gritabas. No siempre lo hacía. Convencerme era otro de tus riesgos favoritos, y yo, que dudaba de todo, me limitaba a pensar en el resultado final de esas pesadillas aventuras para autoconvencerme. Ese día dijiste, “Sé dónde está el lugar perfecto para follar ver las estrellas, ¡vamos!”, “No…Continuar leyendo “El día que las estrellas simplemente no vinieron”

Me gritaste y me bloqueé. Mi conducción era suave, siempre pongo los intermitentes, guardo la distancia de seguridad y “ponte el cinturón”. El grito me hizo frenar. Un leve, sutil, suave, pero brusco, abrupto, repentino toque con el pie. El suelo estaba cubierto de una manta de escarcha y realizamos una pirueta de techo atrapada, pasando por una torsión y acabando con un bucle picado. Nuestra puntuación no fue muy alta, pero nos conformamos con no causar ningún accidente y quedarse en un susto. Qué…Continuar leyendo “El día que realizamos una pirueta de techo atrapada”

El día que no quise estar parado mucho tiempo

Cerré los ojos y cuando los abrí apareció el silencio, profundo, estático, acompañado del lejano ventilador que difuminó la estela. No quise estar parado mucho tiempo, venía de lejos el dolor y, aún sabiendo que iba a tardar en llegar, preferí no esperarlo. Me levanté y me senté, tenía que pensar. Sé que hacía calor, el ventilador era un fiel delator, y sé que era por la tarde, naranja, expectante, de olores secos, nada que no se pueda solucionar con la noche. Cierto que deseaba…Continuar leyendo “El día que no quise estar parado mucho tiempo”

“No es por ti, es por ti.”

Agua

Me asomo a lo que podría ser un futuro no muy lejano al ver la mancha negra de mi brazo. La miro constantemente como si gracias a ello pudiera disiparla, hacerla que desaparezca de un plumazo, de un soplido. No es así y, no solo eso, también no hace más que crecer, dictando mi testamento y acercando el final tan poco esperado. – Quieres un poco de agua. – Me digo delante del espejo. – Quieres un poco de agua. Llevo dos día sin beber…Continuar leyendo “Agua”

“Reírte solo. Solo reírte.”